La incultura del aceite

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En una tierra como la nuestra, bañada por mares de olivos, y en la que llevamos a gala en nuestro escudo el emblema “Optimi Olei Emporium”, seguimos siendo unos grandes desconocedores de un producto como el Aceite de Oliva y su cultura.

A pesar de las campañas publicitarias que últimamente nos hablan de las bondades del Aceite de Oliva, de las últimas normativas aprobadas para favorecer un consumo seguro, y de la cercanía del producto, seguimos sin conocer esta grasa vegetal, base de nuestra dieta mediterránea.

Cierto es, que cada vez somos más conscientes de sus propiedades beneficiosas para nuestra salud, pero… ¿Conocemos realmente los diferentes tipos de Aceites de Oliva que existen…? ¿Usamos Virgen Extra para cocinar nuestros alimentos…? ¿Exigimos en los restaurantes que se fría con Aceite de Oliva…? ¿Somos conscientes de lo que en los establecimientos de hostelería se nos pone en las aceiteras…?

Estoy cansado de ir a restaurantes, que se vanaglorian de exquisitos (y te lo cobran como tal), donde se fríe con grasas animales (Dios sabe cuales), destrozando los alimentos que pasan por las freidoras y lo peor de todo, jugando con nuestra salud.

Cansado de desayunar en locales donde te rellenan las aceiteras con aceites cuyo parecido con el de Oliva es pura coincidencia…

Cansado de recorrer grandes superficies, que todos conocemos, donde juegan a engañarnos con nomenclaturas inventadas, tales como “suave” o “intenso”, fruto del marketing y la publicidad, para enmascarar aceites malos y sin propiedades, aceites de “garrafón”…

Cansado ver como en la cuna del Virgen Extra, donde elaboramos los mejores aceites de oliva que existen en el planeta, nos venden sucedáneos que importan del norte de África y envasan en Portugal…

Cansado de saber que el 80% de los Aceites de Oliva etiquetados como Virgen Extra que hay en los lineales de los supermercados, en realidad no lo son…

Cansado de ver como los 3,5 € que cuesta un litro del mejor Aceite de Oliva Virgen Extra, nos resulta caro, cantidad que no escatimamos en cubalibres, vinos o cualquier otro producto que ni de lejos tiene las innumerables propiedades beneficiosas que el AOVE tiene para nuestra salud y la de los nuestros…

Cansado de oír afirmaciones tales como “el aceite de girasol es mejor para freír”, “los aceites refinados son los realmente buenos” o “no consumo aceite de oliva porque tengo colesterol…”.

Aunque todavía tenemos mucho que aprender del vino (nuestro hermano mayor), por fortuna se está empezando a extender la denominada “Cultura del Aceite de Oliva”, arraigada en nuestra gastronomía desde fenicios y romanos, y reconocida en todo el mundo, donde también comienzan a valorar nuestro Virgen Extra.

Todos, y más los que vivimos en esta tierra, deberíamos llevar a gala el Aceite de Oliva Virgen Extra, aprendiendo y desarrollando su cultura.

¿Cómo lo hacemos? Pues es muy sencillo, no consiste en otra cosa que en “descubrir” su proceso de elaboración, para poder diferenciar los tipos de aceite y decidir bien delante del lineal del supermercado; en “conocer” todas sus propiedades beneficiosas para nuestra salud, para ser conscientes de lo que ponemos en juego usando otras grasas;  en “exigir” allá donde vayamos que se aliñe, se cocine y se fría con Aceite de Oliva Virgen Extra (de la misma forma que exigimos un buen vino o una buena carne…), para que los hosteleros también hagan suya esta apuesta por la calidad; en “invertir” en sabor y salud, la que nos aporta un producto sano y natural cuyo precio es muy razonable; en “presumir” de ser valedores de esta tradición ancestral y llevarla a gala allí donde vayamos, pues en nuestras raíces, en nuestra cultura, en nuestra salud y en nuestra dieta mediterránea el Aceite de Oliva Virgen Extra siempre ha ocupado un lugar esencial, que tenemos que seguir proyectando.

Sirvan estas letras para felicitar a aquéllos que ya forman parte de “la cultura del Virgen Extra”, porque han descubierto las excelencias de este producto e invirtiendo en calidad, sabor y salud; y para reconocer el trabajo, el cariño y el orgullo con los que varias almazaras familiares pontanas luchan día a día, en una tradición de siglos de antigüedad que ha ido pasando de padres a hijos, por elaborar el mejor “zumo de aceituna”, por el que fuimos reconocidos como “El Mercado del Mejor Aceite” (Optimi Olei Emporium).

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